martes, marzo 17, 2015

Escapadas y caídas en la sierra

¡Menuda foto me he hecho con mi palo selfie!
La imagen de la escapada es idílica: los rayos de sol me broncean mientras leo a Murakami; mi hijo Álvaro, Javier e Íker juegan por la montaña del Embalse de la Jarosa y aprovecho para descansar bajo un pino un lunes no festivo. Solo el silencio es roto por el canto de los pájaros. Todo parece perfecto. Cierro el libro y con un toque intelectual me planteo preguntas trascendentes: ¿por qué el pelo de la cabeza no para de crecer y el del sobaco tiene un largo determinado?, ¿adelgazaré unos cuantos kilos por expulsar tantas mucosidades nasales por culpa de la alergia?, ¿cómo es posible que el morenazo de Colin Farrell salga tan guapo en la última campaña de Dolce&Gabbana? Mi cabeza no halla respuestas. Me levanto, cierro el libro, recojo mi palo selfie, me autorretrato y analizo por dónde cruzar el río. La opción más sencilla es dar un salto como si fuera un saltamontes, pero mis pies operados me lo desaconsejan. A la izquierda descubro el camino irregular de unas piedras sobre el río. "Por aquí es más fácil", me digo en voz alta. Un paso, dos y... ¡la piedra tiene musgo! Siento que resbalo, me caigo, ¡pero antes debo salvar el libro y la mochila! Lanzo mis tesoros a la otra orilla y noto como la gélida agua guadarrameña penetra por mis zapatillas, calcetines, pantalones... Grito de frío, me quito las prendas mojadas y organizo un tenderete como si fuera un cowboy del oeste con la ilusión de que el sol evapore el agua y mi piel deje de temblar.
Tenderete de una patosa al agua
─¿Qué te ha pasado? ─ exclaman los niños al verme en bragas y camiseta. 
─Me he caído al río ─les explico con serenidad mientras les preparo los bocatas de carne empanada.
Pese a mi seriedad, la explosión de carcajadas silenció el piar de los pájaros. Al descender, para que no relataran mi caída al río y mi posterior deslizamiento cuesta abajo con mi culo rebotando por la tierra (¡por culpa de la suela de mis zapatillas!), les di un paseo sobre el capó del coche. ¡Atracción campestre sobre un coche analógico!  


La escapada de tres hombrecitos y una loca por Guadarrama y Pedraza 
La aventura continuó al día siguiente, con una visita a las cuevas de los Enebralejos, un paseo por las calles de Pedraza, su cárcel y por un momento me convertí la guardiana del castillo de Pedraza...


Dos días llenos de anécdotas con tres grandes hombrecitos que me hicieron reír y disfrutar aunque, para qué negarlo, creo que ellos se rieron más con mis caídas y mis intentos de hacer una foto con mi palo selfie.

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